He llamado a esta entrada "Reacciones (I)" porque entiendo que van a haber más, y habrá lugar para un (II), (III)....
Llevo unas 7 horas con el diagnóstico definitivo, y ya las personas más cercanas saben que tengo que pasar por la quimioterapia. Es curiosa la forma en que cada uno reacciona. Me llama mucho la atención el hecho de que la gente piense más en que se me va a caer el pelo, que en cómo me va a sentar el tratamiento. Creo que esto es un problema de nuestra sociedad, que nos obliga a mantener una imagen, incluso a pesar de que lo que estamos viviendo sea una enfermedad, no lo entiendo.
Ya os contado la reacción de Manolo, mi marido, en la entrada anterior. Todavía no lo he visto. Viene de camino y llegará a casa en un rato.
Pepa, la señora que me ayuda en casa, con los niños, que para nosotros forma parte de la familia, es de las que reacciona pensando en el pelo. Sus primeras palabras han sido: ahora te cortas la melena y te vas preparando...sigo sin entender nada.
Mi hijo pequeño, Eulogio, que tiene 10 años no se da cuenta. Creo que no sabe muy bien de qué va este asunto. Me pregunta por qué tengo otro tumor y cosas así. Manuel, el mediano, de 12 años sí entiende todo bien. Les he explicado a los tres la verdad, siempre se la he dicho. En mi casa, el cáncer, es una enfermedad más, y con ellos hablamos con naturalidad. Manuel, como os decía, me ha preguntado varias cosas, pero muy inteligentemente, llegando al fondo, a la causa por la que me van a poner este tratamiento. Y Carmen, la mayor, que la semana que viene cumple 15 años, se ha echado a llorar. Me ha roto el corazón. No quiero que sufran por ésto. No quiere que me quede calva, y que le explique que eso es lo menos importante, no le sirve. Luego se ha calmado y todo bien.
Mi madre y mi padre, que estaban conmigo en el hospital, y se han enterado los primeros, lo llevan con una entereza admirable. Mi madre es una persona única...ya os hablaré de ella, porque si lo hago ahora, seguro que lloro y ya os he dicho que no quiero estar triste.
Hay personas que te sorprenden. Antonio es el marido de Pepa (la señora que trabaja en casa) y además es el jardinero del recinto en el que vivimos. Es un hombre admirable, un ejemplo de que no hace falta tener estudios para estudiar (también os hablaré de él otro día). Pues bien, esta tarde, he salido un momento a hacer unos recados, y como siempre él estaba en el recinto. Me ha preguntado cuántas sesiones me iban a poner, y no he podido darle respuesta hasta que me lo diga el oncólogo, pero no os podéis ni imaginar lo que me ha dicho: "pues dile que una de esas me las ponga a mí y te la quite a tí". ¿Se puede decir algo más bonito?
Seguiré contándoos cosas.
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